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11/10/2007
La relatividad de la ropa tendida

Abigarrado. Entre la lluvia. La colada se extiende en menos de un metro. Ropas y ropas y ropas. De un día, de dos, de una semana, de trabajo, de fiesta de guardar. La falta de espacio es así. Obliga que las cuerdas ocupen más espacio en menos tiempo. Apuran la teoría de la relatividad. Apuran el contacto entre ropas que un día vistieron personas. Las personas también ocupamos ese espacio relativo con demasiada frecuencia. Y entonces las distancias se estrechan y se amplian en el mismo espacio. Son centímetros que son metros y kilómetros recorridos más rápidos que la velocidad de la luz a través de oleadas de cariño y de sensaciones. A veces quiero estar en este tendedor de ropa. No siendo ropa. Siendo persona que se junta con otras personas, con una en concreto por vez. O con varias a la vez. Que todo puede ser cuando el tiempo, la distancia, los lugares, se extienden bajo la lluvia en las cuerdas de tender.
25/10/2007
El mar, la mar, siempre la mar
Cuando no se distingue el cielo, el mar y la tierra la percepción afronta un camino arduo hacia las neuronas. Los márgenes grises de nuestros ojos quieren, pero no pueden, salir de sus propios límites. Todo se difumina. Como el cielo, el mar y la tierra. TOdo se toca, se crea y se destruye a la vez. Las neuronas, lejos de acobardarse ante esta ausencia de inputs vagabundean por lo que fuimos somos y seremos. Envías un SMS. O dos. Envías la foto, y con ella, los deseos, los sueños, las esperanzas y las desesperanzas. Después, mientras las neuronas siguen su camino errante por los límites grises de la realidad, ves tus pies sobre el muelle. Ayer en Santander, antesdeayer en Cartagena, mañana en La Coruña, pasado en Barcelona. Y entonces, cuando tus zapatillas rojas, azules, o verdes, dejan de ser grises, tus neuronas se reordenan. Asumen sus sueños. Crean nuevos círculos y perciben, ya sí, el límite difuso, lejano, y tembloroso entre lo que fuimos, somos y seremos. ¿Queremos ser?




