La pequeña Laura contra el espacio
Laura intenta empujar la silla. La distancia parece inmensa. La silla parece inmensa. El mundo parece inmenso. Cuando eres pequeño, cuando eres niño, sólo el espacio se interpone entre tú y el mundo. El tiempo no existe. Sólo el espacio. Luego creces, y es el tiempo el que limita tu vida. Además del espacio. Quieres estar en dos sitios a la vez. En el funeral de tu padre y en el bautizo de tu sobrina. En Barcelona y en Zaragoza. En Zanzíbar y en Buenos Aires. Pero al menos a uno de los sitios siempre puedes llegar. Cuando creces, lo que decrece es el tiempo. Ya te ves fuerte. Ya ves la silla al tamaño normal. Ya crees en tus posibilidades, pero esta semana no, la siguiente tampoco. Mañana tampoco. Nunca siempre. A veces un rayo de luz en forma de minutos se abre paso entre el nubarrón de vida moderna y pequeñez. Son rayos de esperanza. Vuelves a hacerte niño. Vuelves a creer que todo es posible. Que el tiempo es posible. Que queda una vida por delante. Tu vista se pierde en el horizonte y redescubres la inmensidad de tu pequeño cuerpo. Redescubres que el espacio no lo llena todo, pero que aún así nunca serás capaz de abarcarlo. Vuelves a empujar la silla. Después, llega la hora de comer, o de dormir, o de follar, o de trabajar. Y dejas a la silla perdida en su propia inmensidad. Y tú te vuelves a tu mundo pequeño de espacios pequeños de pequeños huecos y de más pequeños minutos. Aragonéame
12/12/2007 18:57.Enlace permanente.
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Autor: Marta
Y aunque te olvides de ella por un rato, resulta que si vuelves ella sigue ahi y puedes seguir empujando. Esto no es como el juego de las sillas, que podias ser el tonto que se quedaba de pie. Aqui la gracia es que, queramos o no, tod=s tenemos por lo menos una.
Fecha: 22/12/2007 21:19.
Autor: Chorche
Yo nunca he dejado de ver el mundo grande grande y las sillas pesadas pesadas. Pero siempre intento empujar.
Fecha: 26/12/2007 23:20.





